Sermón: ¡Vendré otra vez!

Propósito: Que los oyentes comprendan y crean que Jesús aún mantiene su promesa de volver  para darnos una vida nueva.

INTRODUCCIÓN
Saludo
Quiero extender un cordial saludo desde este lugar a cada uno de ustedes. De manera muy especial a nuestros amigos que en esta mañana alegran nuestros corazones con su presencia.

Proposición
A la luz de este texto bíblico comprenderemos la importancia de la promesa de Jesús hacia nosotros: “Vendré otra vez”

Texto Base: San Juan: 14:1-3 
"Y si me voy y les preparo lugar, vendré otra vez, y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, también ustedes estén". Juan 14.3 RVC

INTRODUCCIÓN
No estuve, pero me imagino aquella escena inolvidable para aquellos que estuvieron aquella noche en el Monte Getsemaní. Sin embargo antes que lo entregara, el Señor quiso dejar palabras de paz, tranquilidad y esperanza a sus discípulos. Es por eso que les da una gran esperanza: “Vendré otra vez”

Interrogante
Sin embargo, hoy una pregunta retunda en nuestras mentes y corazones. ¿Estamos preparados para recibir al Señor Jesús? El nos prometió lugares inimaginables es los cielos, ¿Qué estoy haciendo para que ese sueño de Dios se haga realidad en mi vida algún día?


I. CREER EN SUS PROMESAS
Los discípulos acababan de recibir noticias que produjeron asombro y turbación (13:10, 21, 36, 38). Estaban angustiados por la noticia de un traidor, porque Jesús se iba y ellos no podían seguirlo, y además por la predicción de que Pedro negaría al Maestro. Jesús reconoció que estos hombres estaban confundidos y angustiados, y les habla al corazón sobre la necesidad de poner su fe en Dios.
Los tres verbos griegos que se traducen no se turbe, creéis y creed pueden ser imperativos o indicativos, pues la forma de ambos modos es igual.
Además, los tres verbos están en el tiempo presente, con énfasis en una acción continuada. Una traducción que capta este énfasis sería: “No siga turbándose vuestro corazón”, “estáis creyendo” y “seguid creyendo”. Se emplea la preposición griega eis después de ambos verbos creer, indicando una fe profunda y comprometida. El énfasis del versículo, y el principio espiritual que se desprende, es que creer en Dios es la solución para corazones turbados.
Es una esperanza para cada uno de nosotros. Muchas veces en la vida nos sentimos derrotados por los problemas del día a día, sentimos que no hay solución ni salida a nuestros problemas, pero Jesús nos pide que debemos creer en sus promesas, y si el prometió hace 2000 años atrás que volvería, el lo hará sin importar cuánto tiempo haya pasado.
Debemos confiar en el Señor, pero no se trata de una transferencia de nuestra confianza de su Objeto propio; no es sino la concentración de nuestra confianza en el Ser Invisible e Impalpable sobre su propio Hijo encarnado, por la cual aquella confianza, en lugar de la cosa distante, inestable, y frecuentemente fría y apenas real que de otra manera es, adquiere una realidad, calor y poder conscientes, que hace que todos las cosas sean nuevas.

II.  SUS PROMESAS SON VERDAERAS  

Además de mandar creer en Dios y en él mismo como antídoto para su ánimo turbado, Jesús agrega otro factor que infundiría tranquilidad en el corazón de ellos. En este versículo dice tres cosas:
1.      Afirma que hay muchas moradas.
2.      Les asegura que si no fuera así él les hubiera dicho.
3.      Iba a preparar un lugar para ellos.

Jesús dijo a sus discípulos que volvería a su hogar. Además afirma que en el cielo hay muchas moradas.
El término moradas, usado sólo aquí y en el v. 23 en el NT, se deriva del verbo que significa “morar” o “permanecer” (ver 15:4–7, 9, 10 Cuando Jesús menciona el hecho de que haya “muchas moradas”, él está asegurando que hay suficiente lugar en la casa del Padre, para todos los que escuchen su invitación. Es decir, en el cielo hay lugar para ti, y para mi.  
Estas palabras tenían el propósito de consolar a los discípulos. Jesús estaba por dejarlos, pero no los olvidaría.  Ansiosamente anticiparía su reunión con ellos en la casa del Padre.  En el intervalo, prepararía la gloriosa recepción en el hogar

III. EL CIELO ES UNA REALIDAD
Jesús primero afirma su partida, para luego entonces dar la certeza de que volverá. Cristo ha prometido regresar a la tierra y nos insta a esperar su venida, que tendrá lugar “como ladrón en la noche”, que llega cuando nadie lo espera. Subiremos a las nubes del aire y seremos llevados al cielo.
La cláusula condicional Y si voy… (v. 3) emplea una partícula que indica un futuro más probable. No implica duda de parte de Jesús. Además de prometerles un lugar preparado especialmente para ellos, promete regresar: vendré otra vez.
El verbo vendré está realmente en el tiempo presente, lo cual da certeza a la promesa; literalmente es “otra vez vengo o estoy viniendo”. Según la gramática griega, se puede usar un verbo en el tiempo presente, vívido y realista, en afirmaciones de absoluta seguridad respecto al futuro. Hay un sentido en que Jesús viene en varias maneras a los suyos en esta vida, pero esta referencia apunta especialmente a la Segunda Venida, concepto que escasea en los escritos de Juan en comparación con el resto del NT.
Jesús ha ido a la casa de su Padre.  Está esperando con deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia.  Cuando su imagen sea perfectamente reproducida en los suyos, entonces él vendrá (PVGM 47).  Tenemos el privilegio de apresurar el día del glorioso encuentro en el hogar.
Elena G. White expresa este tema de la siguiente manera: “El Señor está esperando hacer grandes cosas para sus hijos que confían en él. ¿Esperamos morar con Cristo en el mundo eterno?  Entonces debemos morar con él aquí para que pueda ayudarnos cada vez que se presenten pruebas y tentaciones y nos prepare para su venida en las nubes del cielo... La belleza y la gracia de Cristo deben entretejerse en nuestro carácter.  No podemos mantener a Cristo tan apartado de nuestra vida como lo hacemos, y sin embargo ser idóneos para su compañerismo en el cielo”
En una carta, ella escribe palabras hermosas para cada uno de nosotros, un fragmento de la carta dice lo siguiente:
“Cuando Cristo estaba en la tumba, los discípulos recordaron estas palabras.  Meditaron en ellas, y lloraron porque no pudieron medir su significado.  Ninguna fe ni esperanza alivió el corazón de los afligidos discípulos.  Únicamente acertaron a repetir. estas palabras: "Vendré otra vez, y os tomaré a mi mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis".
Hay mansiones preparadas para todos los que se sometan a la obediencia de la ley divina.  Y para que la familia humana no tuviera excusa a causa de las tentaciones de Satanás, Cristo se humanó.  El único Ser que era uno con Dios vivió la ley en su humanidad, descendió a la humilde familia de un obrero común, y trabajó en el banco de carpintero con su padre terrenal.  Vivió la vida que pide de todas los que pretenden ser sus hijos.  Así suprimió el poderoso argumento de Satanás de que Dios requiere de la humanidad una abnegación y sujeción que él mismo no está dispuesto a prestar...
Jesús no requiere de los hombres que van tras sus pasos más de lo que él mismo realizó.  Él era la Majestad del cielo, el Rey de gloria, pero por nosotros se hizo pobre, para que nosotros por su pobreza nos enriqueciéramos.  Casi sus últimas palabras fueron: "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mi".  En vez de estar afligidos y apenados, debéis regocijaras, dice Cristo.  Vine al mundo por vosotros.  Ya cumplí mi tiempo en la tierra.  En adelante estaré en el cielo.  Por vosotros he trabajado con interés en el mundo.  En el futuro me ocuparé tan dedicadamente como ahora en una tarea más importante por vosotros.  Vine a redimiros: voy a preparar moradas para vosotros en el reino de mi Padre” (Carta 121, 1897).366

CONCLUSIÓN
Cristo nos dejó una gran esperanza: Volver por segunda vez. Juan al escribir este episodio nos muestra que la promesa de ir al cielo, estar con Él, de tener una vida mejor a lado de Jesús es una realidad.

LLAMADO
Al aceptarlo empezamos a vivir, en ese mismo instante, la vida abundante que él da. Jesús es el camino, el único camino a Dios. A través de él podemos conocer a Dios. Él nos acompaña día y noche. Su espíritu está aquí. Jesús es la verdad; no tenemos que buscar más. Jesús es la vida; nos libra de la muerte, la muerte de una vida inútil y la muerte eterna. Jesús nos invita: “Al que a mí viene, jamás lo echaré fuera” (Juan 6:37). “Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar” (Mat. 11:28). Jesús desea darle descanso para su alma. No dude más. Hay paz con Dios y la presencia de Jesús desde ahora y por la eternidad.

Oremos.

Anthony Araujo Roncal

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